Algo se muere en el alma
Parece mentira. He empezado a apreciar la grandísima talla de la Sevillana del adiós en Noruega. Una canción que algunos amigos españoles llevan muy dentro (yo todavía no) y que hasta un alemán ha aprendido en muy pocos días. La canta con un acento fantástico y con cara (cómo no) de alemán.
Alguien me decía que los primeros días de una Erasmus son como un Gran Hermano. No le falta razón. Se establecen relaciones a gran velocidad. Tras una hora de conversación puede parecer que tu interlocutor es un viejo conocido.
Algo así me ha pasado con Raja, indio de Nueva Delhi. Tras prepararnos una comida más que picante (aún sufro las consecuencias), nos deja para volver a India, para desespero de su novia y sus amigos.
En pocos días aprendimos a hablarnos como si hubiéramos ido juntos al colegio. He aprendido algo de música india y él cuatro palabras de español, que chapurrea con una sonrisa de vendedor nato.
Lo mismo me está pasando con algunas otras personas. La necesidad de entenderse vence cualquier tipo de diferencia lingüística, cultural o ideológica.
Haciendo una última referencia a mi ego (de momento) diré que me ha afeitado la barba por completo.
De demostrar que el fenómeno no es muy frecuente se encargan los noruegos, que lucen virilidad aun cuando los gallegos buscamos abrigo en una chaqueta al atardecer. El lema estos días parece ser, en cuanto al sol, un “agárrate como puedas” o un “aquí te pillo, aquí te mato”. Sólo así se explica que, al mínimo indicio de presencia del astro rey puedas ver en cada jardín a un montón de lugareños mendigando rayos dorados para su piel, a menudo color nieve o naranja-solarium. No es difícil ver en la universidad a estudiantes a las que el verano les ha sabido a poco y optan por lucir bikini al lado de la biblioteca de Filosofía, por ejemplo. Lástima que en esos momentos la cámara no esté al pie de la noticia.
Tras algo más de una semana en Bergen hay varias cosas de esta ciudad que me sorprenden. Para empezar, no hay noruego al que me haya dirigido que no hable inglés. No sólo jóvenes (que lo hablan mucho mejor) sino también personas adultas e incluso mayores. Al principio pensé que respondía a una mejor previsión de cara al turismo, pero ahora creo que simplemente es una mejor educación. La universidad a la que voy ofrece, como muchas otras en el país,
Llueve. Claro que eso…


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