Furor rojo
[…] Y los noruegos se soltaron la melena. No todos, claro, sino sólo los seguidores del Brann, equipo de fútbol de Bergen. La segunda ciudad del país era en la noche de este lunes un pequeño hervidero por la victoria del equipo local en la liga nacional. Hacía 44 años que no la ganaban. Ya tocaba.
El campeonato se juega de mayo a noviembre (aprovechando el buen tiempo) y, a falta de algunos partidos, el Brann ya es el vencedor matemático. Una pena que la hayan ganado en lunes y no el pasado sábado, cuando varias pantallas gigantes y miles de personas venidas de los alrededores colapsaron la ciudad para ver el partido de dos rivales. Les servía un empate, pero no hubo suerte.
Los ciudadanos de Bergen son muy patriotas, en palabras de los propios noruegos, y llevan los colores en la sangre. Es habitual ver jóvenes con camisetas y bufandas rojas, y ayer fue fácil ver coches por la calle donde ondeaban banderas del equipo, bengalas y luces de colores y hasta fuegos artificiales.
Eso sí, en el tiempo que estuve en la fiesta, no vi a ninguna persona destrozar el mobiliario urbano o peleándose con el vecino, forma ancestral de celebración que conocemos en otros países.
Unos amigos y yo nos encontramos con la fiesta al salir del cine. Empezamos a escuchar el claxon de varios coches y a los aficionados festejarlo por la calle. Supongo que la noche habrá sido muy larga, aderezada con esos cantos que nosotros no entendimos pero cuyo significado no nos fue difícil intuir.
Como dicen aquí… Heia Brann!
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Cuando vives en el extranjero echas de menos el jamón, la tortilla o una terracita a media tarde. Del mismo modo, es muy posible que exaltes aquellas cosas que te recuerden a tu casa. Me pasó cuando me trasladé a Madrid y me pasa ahora cuando dejo España.
Junto a ellos y algunos más vimos, alejados de






Sorprende lo fácil que es saludar al primer ministro. Lo escoltan apenas dos guardas de seguridad. Nada en comparación con sus colaboradores y personal de prensa (
No hace falta venirse hasta Noruega para escribir una entrada como ésta. En España y en cualquier país mínimamente civilizado hay obras de arte tan estúpidamente trogloditas, con la venia del autor.
Haciendo una última referencia a mi ego (de momento) diré que me ha afeitado la barba por completo.
