Originalidad erasmus

He aquí una felicitación original. María, una erasmus española, está de cumpleaños. A sus amigos del primer piso (y algunos de otros) que viven con ella en la mega-residencia junto a 1.300 estudiantes más, se les ocurrió regalarle algo distinto.

El escenario, la facultad de Derecho (donde María va cada día), ante la atónita mirada de los guardas de seguridad un viernes por la noche. Los medios, una cámara de fotos que graba vídeos y un reproductor de CD’s. La canción, Don’t stop me now, de Queen. Los actores, desde españoles hasta canadienses, pasando por italianos o franceses. Los galos, ‘autores intelectuales’ del la idea (ya que está tan de moda la expresión) dieron la talla una vez más en cuanto a originalidad.

Mi cameo son dos segundos gloriosos. A ver si alguien los encuentra!

La verdadera historia

Que no os cuenten milongas. Esto es lo que realmente pasó en la Guerra de las Galaxias.

Cena internacional

sushi.JPGjamon.jpg

Mis spaghetti estaban esperando en mi nevera, pero quedarán para hoy. Ayer, un chileno, una sueca y un sudafricano nos invitaron a sushi hecho en casa. Un lujo asiático, nunca mejor dicho. La próxima vez voy a aprender para hacerlo yo. Dicen que hasta conseguiría hacer algo comestible.

Como colofón, las amigas de visita de una española trajeron jamón patrio. ¿Quién dice que los Erasmus se alimentan mal?

Pasión por el fútbol

capitan.jpgCuando vives en el extranjero echas de menos el jamón, la tortilla o una terracita a media tarde. Del mismo modo, es muy posible que exaltes aquellas cosas que te recuerden a tu casa. Me pasó cuando me trasladé a Madrid y me pasa ahora cuando dejo España.

Por eso he visto el último partido del Real Madrid, el que enfrentó al equipo de Schuster con el Werder Bremen. El encuentro tenía un plus de interés debido a la presencia de una colonia de alemanes y otra de españoles, hambrientas ambas de goles.

Dos de mis amigos en Bergen, Alberto y Christian, son de esos futboleros que insultan a los jugadores (de su propio equipo) y viven al borde del infarto cualquier balón que pasa del medio campo.

Junto a ellos y algunos más vimos, alejados de las guerras del fútbol en TV (señal pirata), el partido. Curioso fue comprobar como, una vez más, los alemanes estaban entregados a su equipo (aunque no todos eran seguidores del Bremen). Entre los españoles había algún colchonero y algún barcelonista. También había un madridista que apostaba por el empate para llevarse la porra. Pura división, como siempre.

El partido comenzó y con él la tensión. Muchas oportunidades, algunos fallos, pero un Madrid claramente superior (qué voy a decir yo). La señal pirata iba y venía mientras los locutores alemanes, muy serios ellos, pronunciaban Casillas o Gago con un acento muy gracioso.

El final es público. El Real Madrid ganó 2-1 quizás mientras Serrat cantaba en Madrid Mediterráneo o Sabina Calle Melancolía. Ahora, Christian tendrá que cantar en el próximo karaoke del bar de la residencia y esperar al partido de vuelta. Para los españoles, la victoria es histórica, por cuanto había alemanes delante. Nos sentimos más optimistas que el presidente del Gobierno hablando de economía (de su “Championlí”). ¡Hemos ganado a Alemania!

Por cierto: la porra la gané yo.

1.- 1-0 para el Real Madrid. 2.- 1-1 (empata el Bremen)

3.- “¡¿Y ahora qué, eh?! 4.- “¡Falta! ¿Pero no ves que es falta?”

5.- Intermedio 6.- Segundo gol del Real Madrid.

7.- Experto en fútbol egipcio (antimadridista) 8.- La cara de la derrota.

Todas las fotos aquí.

Algo se muere en el alma

Parece mentira. He empezado a apreciar la grandísima talla de la Sevillana del adiós en Noruega. Una canción que algunos amigos españoles llevan muy dentro (yo todavía no) y que hasta un alemán ha aprendido en muy pocos días. La canta con un acento fantástico y con cara (cómo no) de alemán.

Alguien me decía que los primeros días de una Erasmus son como un Gran Hermano. No le falta razón. Se establecen relaciones a gran velocidad. Tras una hora de conversación puede parecer que tu interlocutor es un viejo conocido.

Algo así me ha pasado con Raja, indio de Nueva Delhi. Tras prepararnos una comida más que picante (aún sufro las consecuencias), nos deja para volver a India, para desespero de su novia y sus amigos.

En pocos días aprendimos a hablarnos como si hubiéramos ido juntos al colegio. He aprendido algo de música india y él cuatro palabras de español, que chapurrea con una sonrisa de vendedor nato.

Lo mismo me está pasando con algunas otras personas. La necesidad de entenderse vence cualquier tipo de diferencia lingüística, cultural o ideológica.