La selva amazónica de Noruega

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Este país tiene muchas cosas, entre ellas, cada vez menos horas de luz y una impresionante sensibilidad a aspectos solidarios, de derechos humanos…

Se ve en la cantidad de seminarios, conferencias, proyecciones sobre pobreza, subdesarrollo, derechos humanos… Leo en una agencia española que este país destinará 17 millones de euros en 3 años para proteger la selva amazónica.

Aunque no le compran la carísima y aburrida película a Al Gore como en otros países, el gobierno de Noruega y en general sus habitantes están preocupados por el cambio climático. No en vano, aquí va a tener un impacto más que evidente a medida que se vayan haciendo visibles sus efectos.

Cambio climático en Noruega (inglés)

Comienza el baile de los Nobel

Los Premios Nobel son quizás el galardón más glamuroso y sólido de cuántos se den en las categorías de medicinay fisiología, física, química, literatura, trabajo por la paz o economía.

Su promotor, el sueco Alfred Nobel, es el padre de la dinamita y un gran investigador en explosivos. Gracias a sus descubrimientos y al dineral de sus patentes, Nobel se hizo millonario. Según cuenta la leyenda, a la vez que crecía su riqueza (gracias a los usos mineros de la dinamita, pero también a los usos bélicos), el empresario y científico comenzó a sentirse culpable. Es por eso que legó la mayoría de su fortuna a un club sueco-noruego, encargado de organizar desde la Fundación Nobel el certamen de premios con el que hoy en día quiere competir el Príncipe de Asturias.

Algunos de los ganadores se anuncian en Oslo, la capital de Noruega. Los restantes, en Estocolmo, Suecia.

Desde hoy y hasta el próximo lunes veremos el goteo de premios. Entre los candidatos a premio Nobel de la paz está Al Gore. Según la prensa noruega, muy pendiente del tema pues el galardón se entrega en Oslo, es el máximo favorito por su trabajo en pro del medio ambiente.

De momento ya tenemos ganadores para el Nobel de Medicina y Fisiología. Que empiecen los flashes.

Web de los Premios Nobel

Rescate en Ulriken

Dice un amigo que lo bueno de la sanidad noruega es que puede enviar un helicóptero al sitio más recóndito donde hayas tenido la desgracia de partirte una pierna. Oportunidades para lesionarse hay, como ya hemos visto en otras ocasiones.

En este caso, el helicóptero voló hasta Ulriken, una de las montañas que circundan la ciudad de Bergen (donde me encuentro). Dos horas de subida y algo menos de bajada que valen la pena para disfrutar de unas hermosas vistas de la ciudad. El herido compensó, sin duda alguna, los altos impuestos a los que se ven sometidos los contribuyentes en este país para garantizar un sistema público con muchas prestaciones.

Durante la bajada pudimos comprobar cómo varios operarios arreglaban el teleférico, dejándonos unas fotos a contraluz maravillosas.

Todas las fotos aquí.

Espíritu Erasmus

Una casa alquilada durante unos días, medio de transporte hasta el fiordo y Erasmus de seis nacionalidades distintas en un viaje motivado a partes iguales por la curiosidad y la aventura.

Fueron cuatro días de ‘Gran Hermano’ que depararon conversaciones y momentos como, por ejemplo, discusiones sobre la deriva del capitalismo cultural en pleno desayuno o el karaoke de imposibles canciones italianas o francesas en la voz de alemanes o canadienses.

Algunas de las fotos que he colgado (así como los vídeos) describen un espíritu universitario completamente distinto al que hasta ahora uno estaba acostumbrado.

Personas adultas, lejos de casa, sin conocer en realidad a los compañeros de viaje, se embarcan en una aventura adulta pero joven, seria pero nunca aburrida. Demostrado queda por los juegos y payasadas que nos fuimos inventando por el camino para pasar el rato.

Durante la convivencia cenamos cada día platos típicos de un país distinto, hicimos turnos para ducharnos (a veces con agua menos que templada) y charlamos hasta la madrugada, en algunos casos, de temas más interesantes que el último reality show o los muchos deberes que nos ponen en clase.


Por supuesto, además de todo esto, no perdimos el tiempo y subimos a un glaciar y a una montaña, desde donde pudimos disfrutar de arcoiris imposibles (tras horas de lluvia) o de vistas de fiordos que nos hicieron sentir hormigas en comparación con el paraje.

Yo estuve a punto de matarme. Y esta vez de verdad y sin exagerar un ápice. En una de las muchas abruptas cascadas que había que cruzar con una cuerda resbalé. Menos mal que un arbusto y un francés de Toulouse estaban allí para echarme una mano y evitar que me despeñase.

Con todo, pese a no llevar ropa impermeable o zapatos de montaña, el duro camino (guiado por un scout belga), las horas silenciosas para andar y pensar, no hay nada que pueda hacer balanza con la vista final o la sensación de tocar un glaciar y la nieve.

Es casi una metáfora. No todos traíamos unas buenas botas al viaje (o a Noruega), pero el poder de la curiosidad por aprender y por vivir una nueva experiencia está supliendo cualquier carencia, incluso las culturales o de idioma. Espíritu joven, en definitiva.

(Os dejo un par de vídeos: uno del viaje de ida y otro, sumándome a Romain y aunque no sea domingo de una canción coreada durante el viaje).

Las fotos del viaje | Otra visión del viaje, por Romain

El primer ministro y yo

Ni Aznar ni Zapatero quisieron nunca tomar un café conmigo. En cambio, a los primeros ministros noruegos te los encuentras en la calle. Supongo que algo tendrá que ver que el lunes haya elecciones locales y que la ‘entrevista’ haya tenido lugar en uno de las avenidas más importantes de la segunda ciudad del país.

Jens Stoltenberg, con su aparente cercanía (ya saben, las elecciones ‘acercan’ a los políticos) y su bien explotada mirada de actor de cine, reparte rosas mientras una banda de rock echa el cierre al mitin del partido socialista, del que es líder.

Sorprende lo fácil que es saludar al primer ministro. Lo escoltan apenas dos guardas de seguridad. Nada en comparación con sus colaboradores y personal de prensa (ver las fotos). Uno de ellos, probablemente su jefe de gabinete, es el autor de esta foto.

La explicación, según me cuentan los noruegos, es la ausencia de una amenaza terrorista clara (en Noruega, el terrorismo ocupa sólo páginas en Internacional) y los mítines no muy multitudinarios debido a la población del país, que permiten un contacto más directo con los electores.

Ante la mirada curiosa de varios compañeros del metal, no me he resistido a preguntarle por qué su gobierno pone tantas trabas a los barcos pesqueros gallegos en ’sus aguas’. Por supuesto, y tras la risa de los periodistas, ahí se acabó nuestra conversación. Antes le dio tiempo a preguntarme de qué parte de España venía y si votaba al PSOE de “Sapatero”.

En Bergen gobierna el partido conservador, que en forma de coalición de centro-derecha aspira a revalidar la mayoría suficiente para gobernar.

El lunes, él en su despacho y yo en mi habitación, estaremos pendientes de los resultados.

¡Mamá, quiero ser artista!”

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Por más que revisamos toda la sala del Vestlandske Kunstindustrimuseum, no encontramos ni el nombre de esta obra ni el de su autor. Quizás fuese parte del juego. Quizás el responsable de estos calzoncillos, a simple vista limpios, quiere que nosotros propusiésemos un título para esta estampa. La que sí propuso una reflexión fue una española en el libro de visitas.

No hace falta venirse hasta Noruega para escribir una entrada como ésta. En España y en cualquier país mínimamente civilizado hay obras de arte tan estúpidamente trogloditas, con la venia del autor.

En la misma línea de los calzoncillos de escayola descubrimos unas coloridas cajas de Lego o simples CD’s en vitrinas.

Además de todo esto, en los museos de Bergen hay buenas obras de arte, entre ellas algunos espléndidos Munch (sí, Edvard Munch, el expresionista autor de El Grito).

Todavía no he visto todas las salas, pero a parte de algunas tonterías, la ciudad es depositaria de una buena colección.

No obstante, lo que más gracia nos hizo de la visita no fueron los espejos mágicos, los pingüinos con culo humano o los primos noruegos de Kitty, sino un pequeño mounstro verde de Tony Oursier, graciosísimo hasta el final. El arte es diversión.

En dos palabras: Peer Gynt

bergen.jpgCon un programa-bienvenida para estudiantes, la orquesta filarmónica dirigida por el jovial Andrew Litton nos obsequió con un par de brillantes interpretaciones y una muy buena velada.

Una fue la del famoso concierto para violín en Re Mayor de Tchaikovsky (el primer movimiento), por un solista excepcional.

La segunda fue la de la suite Peer Gynt, del compositor local Edvard Grieg. La suite alcanza la categoría de símbolo por ser la música de un berguense para la obra del también noruego Henrik Ibsen.

La orquesta de Bergen, dirigida por el propio maestro Grieg durante unos años, la interpretó con soltura (se la saben de memoria) y una gran riqueza de colores y matices.

En apenas unos días, el 4 de septiembre, se cumplirá el centenario de la muerte del compositor. Imagínense lo que supone la efeméride para la ciudad.

andrew_litton.jpgPara los estudiantes que asistimos al concierto, escuchar un adelanto tan suculento de la temporada supuso todo un acontecimiento. Como para abonarse.

Para mí, que escucho habitualmente música clásica, supuso una nostalgia terrible. En estas mismas fechas la banda de música de mi pueblo vive los días más agitados del año. Las fiestas patronales […] fueron, en muchas ocasiones, testigo de la suite de Grieg adaptada a una formación con distintos músicos e instrumentos y a un público muy heterogéneo. Eso sí, con el mismo espíritu universal que tiene la música para unir a las personas en la misma euforia sea cual sea su edad, condición social o trayectoria.

Como resultado de esa mezcla de emociones con la música como hilo conductor me siento, pese a la distancia o el idioma, un poquito más en casa.

Peer Gynt: La mañana | La muerte de Ase | Danza de Anitra | En la cueva del rey de las montañas | Concierto de Tchaikovsky para violín y orquesta, primer movimiento.

Algo se muere en el alma

Parece mentira. He empezado a apreciar la grandísima talla de la Sevillana del adiós en Noruega. Una canción que algunos amigos españoles llevan muy dentro (yo todavía no) y que hasta un alemán ha aprendido en muy pocos días. La canta con un acento fantástico y con cara (cómo no) de alemán.

Alguien me decía que los primeros días de una Erasmus son como un Gran Hermano. No le falta razón. Se establecen relaciones a gran velocidad. Tras una hora de conversación puede parecer que tu interlocutor es un viejo conocido.

Algo así me ha pasado con Raja, indio de Nueva Delhi. Tras prepararnos una comida más que picante (aún sufro las consecuencias), nos deja para volver a India, para desespero de su novia y sus amigos.

En pocos días aprendimos a hablarnos como si hubiéramos ido juntos al colegio. He aprendido algo de música india y él cuatro palabras de español, que chapurrea con una sonrisa de vendedor nato.

Lo mismo me está pasando con algunas otras personas. La necesidad de entenderse vence cualquier tipo de diferencia lingüística, cultural o ideológica.

Mientras hay sol hay esperanza

No sé si el veranillo de San Martín, pero al menos sí el de los santos Bartolomé y Rosa de Lima, que son los que tocan. En un intento por romper los tópicos duluídos en la conciencia de los turistas, la madre Meteorología nos grita que en Noruega también hace sol. Y en una de las ciudades más lluviosas de Europa (Bergen), también. Al menos de vez en cuando.

De demostrar que el fenómeno no es muy frecuente se encargan los noruegos, que lucen virilidad aun cuando los gallegos buscamos abrigo en una chaqueta al atardecer. El lema estos días parece ser, en cuanto al sol, un “agárrate como puedas” o un “aquí te pillo, aquí te mato”. Sólo así se explica que, al mínimo indicio de presencia del astro rey puedas ver en cada jardín a un montón de lugareños mendigando rayos dorados para su piel, a menudo color nieve o naranja-solarium. No es difícil ver en la universidad a estudiantes a las que el verano les ha sabido a poco y optan por lucir bikini al lado de la biblioteca de Filosofía, por ejemplo. Lástima que en esos momentos la cámara no esté al pie de la noticia.

El sol, en Bergen, es un fenómeno tan codiciado como la lluvia en Marrakech, la paz en Oriente Medio o la sabiduría en la clase dirigente norteamericana.

Pero el sol son cuatro días y la prensa anuncia la espectacular llegada del otoño. El paraguas, hasta entonces, espera turno con el número entre dos varillas.

¡Socorro, no sé cocinar!

Tras algo más de una semana en Bergen hay varias cosas de esta ciudad que me sorprenden. Para empezar, no hay noruego al que me haya dirigido que no hable inglés. No sólo jóvenes (que lo hablan mucho mejor) sino también personas adultas e incluso mayores. Al principio pensé que respondía a una mejor previsión de cara al turismo, pero ahora creo que simplemente es una mejor educación. La universidad a la que voy ofrece, como muchas otras en el país, asignaturas en inglés en todas las facultades. Es sólo un dato.

Otra de mis sorpresas es la cantidad de españoles que hay en la ciudad. La mayoría son turistas (se irán con el verano), pero en la residencia donde vivo hay muchos también. Junto con los alemanes, franceses e italianos, podrían dominar el complejo donde se alojan 1.300 estudiantes. Todos los españoles coinciden en que antes de venir, no pensaban en una ciudad con tantos paisanos. Pero en Fantoft puedes encontrar decenas de nacionalidades.

Llueve. Claro que eso… ya lo sabías. Pero una cosa es imaginárselo y otra muy distinto, comprobarlo in situ. Un buen berguense nunca sale a la calle sin su cazadora impermeable y su paraguas, que seguramente tendrá que reponer al poco tiempo por el viento.

Por último, la cocina. En contra de lo imaginado, no hay un solo comedor en una residencia para 1.300 estudiantes. Supongo que no tiene nada que ver con el poco gusto por la gastronomía de los noruegos en comparación con los países mediterráneos, por ejemplo. Cada interno dispone de una cocina para prepararse los caros ingredientes comprados previamente en el supermercado. Como yo no tengo mucha experiencia en esto de la cocina, creo que voy a empezar a buscar recetas en internet para principiantes. O quizás sea una mejor inversión echarse una novia que sepa cocinar. Que aquí nada es imposible.

(Las fotos y los vídeos son de un viaje en barco organizado por la universidad)