Rescate en Ulriken

Dice un amigo que lo bueno de la sanidad noruega es que puede enviar un helicóptero al sitio más recóndito donde hayas tenido la desgracia de partirte una pierna. Oportunidades para lesionarse hay, como ya hemos visto en otras ocasiones.

En este caso, el helicóptero voló hasta Ulriken, una de las montañas que circundan la ciudad de Bergen (donde me encuentro). Dos horas de subida y algo menos de bajada que valen la pena para disfrutar de unas hermosas vistas de la ciudad. El herido compensó, sin duda alguna, los altos impuestos a los que se ven sometidos los contribuyentes en este país para garantizar un sistema público con muchas prestaciones.

Durante la bajada pudimos comprobar cómo varios operarios arreglaban el teleférico, dejándonos unas fotos a contraluz maravillosas.

Todas las fotos aquí.

El primer ministro y yo

Ni Aznar ni Zapatero quisieron nunca tomar un café conmigo. En cambio, a los primeros ministros noruegos te los encuentras en la calle. Supongo que algo tendrá que ver que el lunes haya elecciones locales y que la ‘entrevista’ haya tenido lugar en uno de las avenidas más importantes de la segunda ciudad del país.

Jens Stoltenberg, con su aparente cercanía (ya saben, las elecciones ‘acercan’ a los políticos) y su bien explotada mirada de actor de cine, reparte rosas mientras una banda de rock echa el cierre al mitin del partido socialista, del que es líder.

Sorprende lo fácil que es saludar al primer ministro. Lo escoltan apenas dos guardas de seguridad. Nada en comparación con sus colaboradores y personal de prensa (ver las fotos). Uno de ellos, probablemente su jefe de gabinete, es el autor de esta foto.

La explicación, según me cuentan los noruegos, es la ausencia de una amenaza terrorista clara (en Noruega, el terrorismo ocupa sólo páginas en Internacional) y los mítines no muy multitudinarios debido a la población del país, que permiten un contacto más directo con los electores.

Ante la mirada curiosa de varios compañeros del metal, no me he resistido a preguntarle por qué su gobierno pone tantas trabas a los barcos pesqueros gallegos en ’sus aguas’. Por supuesto, y tras la risa de los periodistas, ahí se acabó nuestra conversación. Antes le dio tiempo a preguntarme de qué parte de España venía y si votaba al PSOE de “Sapatero”.

En Bergen gobierna el partido conservador, que en forma de coalición de centro-derecha aspira a revalidar la mayoría suficiente para gobernar.

El lunes, él en su despacho y yo en mi habitación, estaremos pendientes de los resultados.

¡Mamá, quiero ser artista!”

calzoncillosarte.jpg

Por más que revisamos toda la sala del Vestlandske Kunstindustrimuseum, no encontramos ni el nombre de esta obra ni el de su autor. Quizás fuese parte del juego. Quizás el responsable de estos calzoncillos, a simple vista limpios, quiere que nosotros propusiésemos un título para esta estampa. La que sí propuso una reflexión fue una española en el libro de visitas.

No hace falta venirse hasta Noruega para escribir una entrada como ésta. En España y en cualquier país mínimamente civilizado hay obras de arte tan estúpidamente trogloditas, con la venia del autor.

En la misma línea de los calzoncillos de escayola descubrimos unas coloridas cajas de Lego o simples CD’s en vitrinas.

Además de todo esto, en los museos de Bergen hay buenas obras de arte, entre ellas algunos espléndidos Munch (sí, Edvard Munch, el expresionista autor de El Grito).

Todavía no he visto todas las salas, pero a parte de algunas tonterías, la ciudad es depositaria de una buena colección.

No obstante, lo que más gracia nos hizo de la visita no fueron los espejos mágicos, los pingüinos con culo humano o los primos noruegos de Kitty, sino un pequeño mounstro verde de Tony Oursier, graciosísimo hasta el final. El arte es diversión.

En dos palabras: Peer Gynt

bergen.jpgCon un programa-bienvenida para estudiantes, la orquesta filarmónica dirigida por el jovial Andrew Litton nos obsequió con un par de brillantes interpretaciones y una muy buena velada.

Una fue la del famoso concierto para violín en Re Mayor de Tchaikovsky (el primer movimiento), por un solista excepcional.

La segunda fue la de la suite Peer Gynt, del compositor local Edvard Grieg. La suite alcanza la categoría de símbolo por ser la música de un berguense para la obra del también noruego Henrik Ibsen.

La orquesta de Bergen, dirigida por el propio maestro Grieg durante unos años, la interpretó con soltura (se la saben de memoria) y una gran riqueza de colores y matices.

En apenas unos días, el 4 de septiembre, se cumplirá el centenario de la muerte del compositor. Imagínense lo que supone la efeméride para la ciudad.

andrew_litton.jpgPara los estudiantes que asistimos al concierto, escuchar un adelanto tan suculento de la temporada supuso todo un acontecimiento. Como para abonarse.

Para mí, que escucho habitualmente música clásica, supuso una nostalgia terrible. En estas mismas fechas la banda de música de mi pueblo vive los días más agitados del año. Las fiestas patronales […] fueron, en muchas ocasiones, testigo de la suite de Grieg adaptada a una formación con distintos músicos e instrumentos y a un público muy heterogéneo. Eso sí, con el mismo espíritu universal que tiene la música para unir a las personas en la misma euforia sea cual sea su edad, condición social o trayectoria.

Como resultado de esa mezcla de emociones con la música como hilo conductor me siento, pese a la distancia o el idioma, un poquito más en casa.

Peer Gynt: La mañana | La muerte de Ase | Danza de Anitra | En la cueva del rey de las montañas | Concierto de Tchaikovsky para violín y orquesta, primer movimiento.

Mientras hay sol hay esperanza

No sé si el veranillo de San Martín, pero al menos sí el de los santos Bartolomé y Rosa de Lima, que son los que tocan. En un intento por romper los tópicos duluídos en la conciencia de los turistas, la madre Meteorología nos grita que en Noruega también hace sol. Y en una de las ciudades más lluviosas de Europa (Bergen), también. Al menos de vez en cuando.

De demostrar que el fenómeno no es muy frecuente se encargan los noruegos, que lucen virilidad aun cuando los gallegos buscamos abrigo en una chaqueta al atardecer. El lema estos días parece ser, en cuanto al sol, un “agárrate como puedas” o un “aquí te pillo, aquí te mato”. Sólo así se explica que, al mínimo indicio de presencia del astro rey puedas ver en cada jardín a un montón de lugareños mendigando rayos dorados para su piel, a menudo color nieve o naranja-solarium. No es difícil ver en la universidad a estudiantes a las que el verano les ha sabido a poco y optan por lucir bikini al lado de la biblioteca de Filosofía, por ejemplo. Lástima que en esos momentos la cámara no esté al pie de la noticia.

El sol, en Bergen, es un fenómeno tan codiciado como la lluvia en Marrakech, la paz en Oriente Medio o la sabiduría en la clase dirigente norteamericana.

Pero el sol son cuatro días y la prensa anuncia la espectacular llegada del otoño. El paraguas, hasta entonces, espera turno con el número entre dos varillas.

¡Socorro, no sé cocinar!

Tras algo más de una semana en Bergen hay varias cosas de esta ciudad que me sorprenden. Para empezar, no hay noruego al que me haya dirigido que no hable inglés. No sólo jóvenes (que lo hablan mucho mejor) sino también personas adultas e incluso mayores. Al principio pensé que respondía a una mejor previsión de cara al turismo, pero ahora creo que simplemente es una mejor educación. La universidad a la que voy ofrece, como muchas otras en el país, asignaturas en inglés en todas las facultades. Es sólo un dato.

Otra de mis sorpresas es la cantidad de españoles que hay en la ciudad. La mayoría son turistas (se irán con el verano), pero en la residencia donde vivo hay muchos también. Junto con los alemanes, franceses e italianos, podrían dominar el complejo donde se alojan 1.300 estudiantes. Todos los españoles coinciden en que antes de venir, no pensaban en una ciudad con tantos paisanos. Pero en Fantoft puedes encontrar decenas de nacionalidades.

Llueve. Claro que eso… ya lo sabías. Pero una cosa es imaginárselo y otra muy distinto, comprobarlo in situ. Un buen berguense nunca sale a la calle sin su cazadora impermeable y su paraguas, que seguramente tendrá que reponer al poco tiempo por el viento.

Por último, la cocina. En contra de lo imaginado, no hay un solo comedor en una residencia para 1.300 estudiantes. Supongo que no tiene nada que ver con el poco gusto por la gastronomía de los noruegos en comparación con los países mediterráneos, por ejemplo. Cada interno dispone de una cocina para prepararse los caros ingredientes comprados previamente en el supermercado. Como yo no tengo mucha experiencia en esto de la cocina, creo que voy a empezar a buscar recetas en internet para principiantes. O quizás sea una mejor inversión echarse una novia que sepa cocinar. Que aquí nada es imposible.

(Las fotos y los vídeos son de un viaje en barco organizado por la universidad)

En lo alto de una colina me encontré con…

Un troll. No de esos que puedes encontrar en casi cualquier blog, que te escriben para insultarte y acabar con tu paciencia.

Éste es distinto y mucho más especial. Es mitológico, alimenta sueños y, lo que es más inquietante, las pesadillas de muchos niños noruegos.

Además, según Wikipedia, fue un fabricante de coches cuya fortuna en los negocios era paralela a la que tuvo en el reparto de nombre. Sólo construyó cinco vehículos.

Desde lo alto de la colina, una de las siete que cercan la ciudad y que a los lugareños les gusta recorrer en las mañanas de domingo, se ven unas espléndidas vistas de las que he tomado fotos.

Al volver, andando como a la ida y con un guía de excepción (gracias), me encontré con otro espectáculo digno de un vídeo en Youtube muy cerquita de donde el otro día los xilofonistas interpretaban obras clásicas.

Al final, unas cosas y otras, son puro arte.

Patrimonio de la humanidad

Ya estoy en Bergen. Mi casa es una de esas que se ven de colores, al fondo.

En realidad no es así, para qué soñar: ni aunque tuviera todo el dinero del mundo. Esas casitas forman parte de un barrio, el de Bryggen, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1979. Los pintorescos edificios que ahora atraen en Bergen miles de flashes, fueron en su día los locales comerciales de los mercaderes medievales de la zona. Hoy sólo hay tiendas de regalos y restaurantes.  Ya no vive nadie por si se repitiera alguno de los incendios que desde el siglo XII asolaron la zona.

La foto, tomada esta tarde, inaugura una nueva cuenta en el espacio de intercambio de imágenes Flickr. Allí iré colgando todas las fotos que vaya haciendo.