Me he afeitado: aceptación por países

shave.jpgHaciendo una última referencia a mi ego (de momento) diré que me ha afeitado la barba por completo.

Con ello he descubierto, quien me lo iba a decir, lo diferentes que somos por países.

  • Alemania. “Te queda mucho mejor”. Alguna hasta se atreve (obviamente presionada por servidor) a decir que le gustan más los chicos sin barba.
  • España. División de opiniones. Lo mismo con los italianos.
  • Francia. “Pareces un crío. ¡Madura!”.
  • Polonia. Los hay que no se pronuncian y los hay, definitivamente, que dicen que mejor con barba.
  • Compañero de piso (sudafricano). “Así ligarás más. Hazme caso, las noruegas son como las niñas de Ciudad del Cabo y como las de todo el mundo”.
  • Escandinavas: “¡Ni me había dado cuenta! […] ¡No me acuerdo cómo eras con barba!”

Mal empezamos.

Mientras hay sol hay esperanza

No sé si el veranillo de San Martín, pero al menos sí el de los santos Bartolomé y Rosa de Lima, que son los que tocan. En un intento por romper los tópicos duluídos en la conciencia de los turistas, la madre Meteorología nos grita que en Noruega también hace sol. Y en una de las ciudades más lluviosas de Europa (Bergen), también. Al menos de vez en cuando.

De demostrar que el fenómeno no es muy frecuente se encargan los noruegos, que lucen virilidad aun cuando los gallegos buscamos abrigo en una chaqueta al atardecer. El lema estos días parece ser, en cuanto al sol, un “agárrate como puedas” o un “aquí te pillo, aquí te mato”. Sólo así se explica que, al mínimo indicio de presencia del astro rey puedas ver en cada jardín a un montón de lugareños mendigando rayos dorados para su piel, a menudo color nieve o naranja-solarium. No es difícil ver en la universidad a estudiantes a las que el verano les ha sabido a poco y optan por lucir bikini al lado de la biblioteca de Filosofía, por ejemplo. Lástima que en esos momentos la cámara no esté al pie de la noticia.

El sol, en Bergen, es un fenómeno tan codiciado como la lluvia en Marrakech, la paz en Oriente Medio o la sabiduría en la clase dirigente norteamericana.

Pero el sol son cuatro días y la prensa anuncia la espectacular llegada del otoño. El paraguas, hasta entonces, espera turno con el número entre dos varillas.

¡Socorro, no sé cocinar!

Tras algo más de una semana en Bergen hay varias cosas de esta ciudad que me sorprenden. Para empezar, no hay noruego al que me haya dirigido que no hable inglés. No sólo jóvenes (que lo hablan mucho mejor) sino también personas adultas e incluso mayores. Al principio pensé que respondía a una mejor previsión de cara al turismo, pero ahora creo que simplemente es una mejor educación. La universidad a la que voy ofrece, como muchas otras en el país, asignaturas en inglés en todas las facultades. Es sólo un dato.

Otra de mis sorpresas es la cantidad de españoles que hay en la ciudad. La mayoría son turistas (se irán con el verano), pero en la residencia donde vivo hay muchos también. Junto con los alemanes, franceses e italianos, podrían dominar el complejo donde se alojan 1.300 estudiantes. Todos los españoles coinciden en que antes de venir, no pensaban en una ciudad con tantos paisanos. Pero en Fantoft puedes encontrar decenas de nacionalidades.

Llueve. Claro que eso… ya lo sabías. Pero una cosa es imaginárselo y otra muy distinto, comprobarlo in situ. Un buen berguense nunca sale a la calle sin su cazadora impermeable y su paraguas, que seguramente tendrá que reponer al poco tiempo por el viento.

Por último, la cocina. En contra de lo imaginado, no hay un solo comedor en una residencia para 1.300 estudiantes. Supongo que no tiene nada que ver con el poco gusto por la gastronomía de los noruegos en comparación con los países mediterráneos, por ejemplo. Cada interno dispone de una cocina para prepararse los caros ingredientes comprados previamente en el supermercado. Como yo no tengo mucha experiencia en esto de la cocina, creo que voy a empezar a buscar recetas en internet para principiantes. O quizás sea una mejor inversión echarse una novia que sepa cocinar. Que aquí nada es imposible.

(Las fotos y los vídeos son de un viaje en barco organizado por la universidad)

Mi habitación

La vista, desde un séptimo piso.

Princesa con poderes divinos

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Parece que no sólo la familia real británica tiene altezas estrambóticas:

“Uno de los principales diarios de Noruega ha pedido a Martha Louise que renuncie a su título real después de que la princesa escribiera en Internet que había aprendido a comunicarse con los caballos y a hablar con los ángeles.

La princesa, de 35 años y cuarta en la línea de sucesión al trono, ha sido intensamente vigilada por los medios de comunicación por estar involucrada con un colegio de educación alternativa que dice enseñar a la gente cómo contactar con los ángeles”. (más en EP)

Para que después critiquen a la princesa Letizia de España por un ‘robado’ en bikini.

En lo alto de una colina me encontré con…

Un troll. No de esos que puedes encontrar en casi cualquier blog, que te escriben para insultarte y acabar con tu paciencia.

Éste es distinto y mucho más especial. Es mitológico, alimenta sueños y, lo que es más inquietante, las pesadillas de muchos niños noruegos.

Además, según Wikipedia, fue un fabricante de coches cuya fortuna en los negocios era paralela a la que tuvo en el reparto de nombre. Sólo construyó cinco vehículos.

Desde lo alto de la colina, una de las siete que cercan la ciudad y que a los lugareños les gusta recorrer en las mañanas de domingo, se ven unas espléndidas vistas de las que he tomado fotos.

Al volver, andando como a la ida y con un guía de excepción (gracias), me encontré con otro espectáculo digno de un vídeo en Youtube muy cerquita de donde el otro día los xilofonistas interpretaban obras clásicas.

Al final, unas cosas y otras, son puro arte.

¡Estos noruegos están locos!

¿No podrían tocar una guitarrita? ¿Unas maracas o incluso un violín? En dos días en la ciudad ya he visto varios. Interpretan para los peatones del centro arreglos de los ‘40 principales ‘ de la música clásica en una mañana de sábado. Y… seamos francos. Lo hacen muy bien.

Otros curiosos prefieren jugar a en tableros enormes.

Patrimonio de la humanidad

Ya estoy en Bergen. Mi casa es una de esas que se ven de colores, al fondo.

En realidad no es así, para qué soñar: ni aunque tuviera todo el dinero del mundo. Esas casitas forman parte de un barrio, el de Bryggen, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1979. Los pintorescos edificios que ahora atraen en Bergen miles de flashes, fueron en su día los locales comerciales de los mercaderes medievales de la zona. Hoy sólo hay tiendas de regalos y restaurantes.  Ya no vive nadie por si se repitiera alguno de los incendios que desde el siglo XII asolaron la zona.

La foto, tomada esta tarde, inaugura una nueva cuenta en el espacio de intercambio de imágenes Flickr. Allí iré colgando todas las fotos que vaya haciendo.

El último grito para los turistas

O al menos eso cuenta el Aftenposten.  Calzoncillos con alces haciendo de las suyas. ¿Será para ellos el animal lo que para nosotros el toro de Osborne?

En el mismo periódico también hay noticias tecnológicamente prometedoras.

Para ir abriendo boca