August 19, 2007 – 6:16 am | Por Daniel Basteiro
Tras algo más de una semana en Bergen hay varias cosas de esta ciudad que me sorprenden. Para empezar, no hay noruego al que me haya dirigido que no hable inglés. No sólo jóvenes (que lo hablan mucho mejor) sino también personas adultas e incluso mayores. Al principio pensé que respondía a una mejor previsión de cara al turismo, pero ahora creo que simplemente es una mejor educación. La universidad a la que voy ofrece, como muchas otras en el país, asignaturas en inglés en todas las facultades. Es sólo un dato.
Otra de mis sorpresas es la cantidad de españoles que hay en la ciudad. La mayoría son turistas (se irán con el verano), pero en la residencia donde vivo hay muchos también. Junto con los alemanes, franceses e italianos, podrían dominar el complejo donde se alojan 1.300 estudiantes. Todos los españoles coinciden en que antes de venir, no pensaban en una ciudad con tantos paisanos. Pero en Fantoft puedes encontrar decenas de nacionalidades.
Llueve. Claro que eso… ya lo sabías. Pero una cosa es imaginárselo y otra muy distinto, comprobarlo in situ. Un buen berguense nunca sale a la calle sin su cazadora impermeable y su paraguas, que seguramente tendrá que reponer al poco tiempo por el viento.
Por último, la cocina. En contra de lo imaginado, no hay un solo comedor en una residencia para 1.300 estudiantes. Supongo que no tiene nada que ver con el poco gusto por la gastronomía de los noruegos en comparación con los países mediterráneos, por ejemplo. Cada interno dispone de una cocina para prepararse los caros ingredientes comprados previamente en el supermercado. Como yo no tengo mucha experiencia en esto de la cocina, creo que voy a empezar a buscar recetas en internet para principiantes. O quizás sea una mejor inversión echarse una novia que sepa cocinar. Que aquí nada es imposible.
(Las fotos y los vídeos son de un viaje en barco organizado por la universidad)